‘¿Qué hay de lo mío?’ La corrupción en el Egipto ptolemaico (iii)

En secciones anteriores hemos ido conociendo diversas facetas del funcionamiento corrupto de la administración ptolemaica. Por un lado hemos visto que las nominaciones a cargos administrativos no dependían de las aptitudes de los candidatos: éstas más bien se compraban mediante sobornos a un superior. Hemos visto además cómo el desempeño de un cargo en la administración era frecuentemente empleado en beneficio personal. Hoy vamos a conocer una nueva modalidad de corrupción: el fraude fiscal en las declaraciones de hacienda.

Ser el escriba del pueblo (κωμογραμματεύς) era, en efecto, un puesto codiciado. Trabajar para la administración real le otorga a uno un halo de señorío. ¡Qué poderío ser el que gestiona los recursos de todos tus vecinos! Esa idea habría merodeado de nuestro viejo amigo Menches cuando fue a renovar su candidatura para continuar como escriba del pueblo de Kerkeosiris. Para que a ningún superior le quedara duda de su buena voluntad, señalaba:

“De parte de Menches, el escriba del pueblo de Kerkeosiris. Con ocasión de mi nombramiento para el puesto de escriba del pueblo, que ya he desempeñado previamente, pagaré al pueblo: 50 artabas de trigo y 50 artabas de legumbres; de las cuales 20 artabas de lentejas, 10 de frijoles, 10 de judías, 6 de semillas mezcladas, 3 de mostaza, 1 de legumbres secas. Total 50; total 100 artabas. Año 51, 6 de Pachon. Dorión pagará 50 artabas de trigo y 10 de leguminosas, de las cuales 3 son de frijoles, 3 de judías, 3 de semillas mezcladas, 3 de mostaza. Total 10, total 60.”

(PTebt. I 9; 119 a.C., Tebtunis)

Dorión, el ayudante, quizá no hubiera estado motivado por tan firme compromiso con el servicio público. Quizá aquella mañana sencillamente amaneció con una cabeza de caballo entre las piernas. Un documento contemporáneo nos revela cuál es la verdadera naturaleza de relación entre ambos:

“Menches, hijo de Petesoucho, Secretario del pueblo de Kerkeosiris en el distrito de Polemón, en el nomo arsinoita, a Dorión hijo de Ireneo, de los primeros amigos: yo reconozco que he recibido de ti en el año 51: 100 artabas de trigo[…], 20 artabas de lentejas, 13 de  judías, 13 de guisantes, 10 de semillas mezcladas, 4 de mostaza, 1 de orzo tostado. Total: 61 de leguminosas; 100 de trigo. A partir del año 52 deberás pagarme cada año 50 artabas de trigo […], sin litigio, juicio ni disputa ni querella de ningún tipo; o dos veces la cantidad mencionada o su precio, con una tasa de 2000 dracmas por artaba y [?] dracmas consagradas a los dioses Evergetas.”

(P.Tebt. I 11, Tebtunis, 119 a.C.)

Poco importa: con El Padrino y el Partido Popular hemos aprendido que, aunque el precio suele ser elevado, no hay nada mejor que estar bajo la protección de un poderoso. Según dan a entender otros documentos que señalo a continuación, el esfuerzo habría merecido la pena. Y mucho.

El escriba del pueblo se encargaba, entre otras cosas, de preparar los censos. Este tipo de documentos eran la base de la asignación de los impuestos de capitación. Todas las familias y varias familias organizadas por profesión eran registradas de acuerdo con su sexo, edad, y estatus fiscal. A partir de estos registros, el fisco se hacía una idea de cuánto y qué habría de recaudar de cada súbdito.

Un escriba del pueblo, conocedor de primera mano del proceso de exacción, no iba a desaprovechar tan generosa oportunidad de hacerle una buena pirula a las arcas reales. El documento que os muestro a continuación es un buen testimonio visual de ello. Se trata de un registro de las unidades familiares de un pueblecito del nomo arsinoita. Cada columna agrupa a varios miembros de una misma familia: a la cabeza, el patriarca, y a continuación, todos los dependientes a su cargo (esposa, hijos, esposas de éstos, hijas y esclavos). El espacio que abarca el círculo es la información fiscal de la familia del escriba del pueblo:

PCount 4 65

Exacto. No hace falta ser un avezado papirólogo para descubrir la maravillosa evasión fiscal que se ha marcado nuestro amigo escriba. Otros ejemplos de fraude, como el que apunto a continuación, son más discutibles.

Volviendo a los censos y a las familias, sabemos que éstas normalmente estaban integradas por una media de 4-5 miembros. Por otro lado sabemos que los escribas del pueblo -al margen de sus particulares evasiones- no estaban sujetos a ningún impuesto profesional como sí lo estaban otros muchos currelas tales como artesanos, campesinos y un largo etc. También sabemos que éstos -el caso de Menches es paradigmático- eran gente muy influyente en el pueblo y que solían tener una buena red de clientes a su cargo. Quizá todo esto explique una curiosa anomalía fiscal relacionada de nuevo con los escribas del pueblo. Esta supuesta mamandurria la encontramos en otro registro del año 229 a. C.. El escriba del pueblo presuntamente se habría valido de su cargo para extender su estatus a un número demasiado elevado de “familiares”. Frente a las familias de 4-5 miembros, esta vez encontramos un número inusual de 13 miembros (7 de los cuales son hombres) como integrantes de una familia de un escriba del pueblo. Es muy probable -entiendo- que entre esos 13 miembros hubiera más de un correligionario tratando de evadir sus propios impuestos profesionales amparándose en la protección de un patrón que disfruta de anchas ventajas fiscales.

No hay nada que no se pueda lograr en esta vida with a little help of my friends

 

Biliografía:

W. Clarysse, D. J. Thompson (2006): Counting the People in Hellenistic Egypt, 2 vols. Cambridge: Cambridge University Press

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