Whatsapps de madre en papiro

En un artículo publicado para la Revista GQ sobre los whatsapps de madre, Lucía Taboada establecía una tipología que agrupaba muy acertadamente el contenido de los mensajes enviados entre madres e hijos a través de la popular red de mensajería instantánea.

Si bien es cierto que esta aplicación ha revolucionado nuestra forma de comunicación por las infinitas (y gratuitas) posibilidades de intercambiar de modo inmediato un agotador y extenuante flujo de mensajes acompañados de documentos gráficos y audiovisuales; el mensaje transmitido no ha sufrido alteraciones sustantivas. ¿Qué quiero decir con esto? Que el acto comunicativo entre madres e hijos  en la actualidad -a pesar de Whatsapp- es muy similar al que madres e hijos hubieran tenido en el Egipto grecorromano. Lo que sigue es un pequeño extracto de mensajes enviados a través de cartas privadas que se nos han conservado en papiro.

Lo primero que llama la atención es el parecido visual entre las primeras incursiones de las mamás con el fenómeno guasap y el primer contacto de las mamás romanas con una hoja de papiro.

Esto podría ser el primer guasap que recibes de tu madre:

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Y esto es un papiro escrito por una madre romana:

papyrus

¿Para qué los puntos? ¿para qué los diacríticos? Miles de teorías lingüísticas se acaban de ir por el desagüe.

En lo que respecta al contenido de los mensajes, podemos constatar el continuo histórico en el propósito comunicativo. Aproximadamente un 87 % de los mensajes que puedas recibir por Whatsapp de tu madre contienen una variación lingüística del célebre “hay que ver qué poco caso me haces ¿eh?“. No importa cuán bajo sea el nivel de tu batería o cuán concentrado estés en cualquier otra actividad al margen del teléfono: una ley universal señala que un mensaje de tu madre requiere de una respuesta inmediata. Y prolija en todo tipo de detalles, por supuesto.

En este punto es importante señalar que, sin lugar a dudas, las madres romanas son las auténticas campeonas del DRAMA. Claro, son mujeres que crecieron yendo al teatro a ver tragedias griegas; donde a la gente le pasan cosas muy fuertes, se dice cosas muy fuertes y de manera muy sonora. Por ejemplo: impregnada de ese patetismo y con una pasión que ni el propio Eurídipes podría haber puesto en boca de las heroínas clásicas, Hikane le reprocha a su hijo Isidoro:

“Te he escrito una carta (pero no he recibido?) una carta. ¿Para esto te he llevado (dentro) 10 meses y te he alimentado durante tres años, para que no seas capaz de acordarte de mi por carta?” (P.Berenice II 129; Benerice, 50-75 d.C.)

Y todavía más arriba en el climax del reproche tenemos la siguiente carta. Lo que sigue ha de leerse con voz muy afectada e imitando el acento de las telenovelas:

“El administrador te dijo: ‘tu madre; tu madre Kophäena, está enferma’. Mira, trece meses y tú ni siquiera has intentado escribirme una carta. Porque tú sabes que te he tratado mejor (que a mis otros hijos?) y no has intentado, sabiendo que estoy enferma; no has intentado mandarme nada; ni siquiera unas breves palabras”  (BGU III 948, Hereacleópolis, s.IV-V d.C.)

Y tú como:
26 GIFs de telenovela perfectos para cada situación en la vida

Otra cosa que también está presente es el “a saber qué mierdas comes por ahí. A ver si vienes pronto a casa y te preparo muchas cosas de lo que más te gusta“. Todos lo sabemos: no hay un rincón suficientemente recóndito en el mundo ni ancho mar ni montaña suficientemente alta. Cuando una madre te convoca a la mesa, vuelas hasta ahí como la Hija del Viento:

Desde Año Nuevo hemos estado muy enfermos pero damos gracias a Dios porque nos hemos recuperado. Hasta ahora no hemos hecho la matanza: te estamos esperando a que vengas. Sabes que, por ti, no hemos salados los peces, pero este año hemos hecho salazón y, si es posible, te lo preparé para tu llegada” (P.Oxy. X 1299; Oxirrinco, s. IV d.C.).

Una visita a casa de tus padres implica una aumento de la lorza y la posibilidad de volverte a la tuya como si fueras el Banco de alimentos. Todos sabéis que en esta vida hay tres cosas que no tienen fin: el universo, la estupidez y tu madre empanando filetes. En medio de esa compleja red de intercambio y abastecimiento, no puede faltar un clásico:

Por favor, vacía el frasco y mándalo de vuelta porque lo necesito aquí” (P.Münch III 75; Filadelfia, 212 d.C.)

Biliografía:

R.S. Bagnall y R. Cribiore, Women’s Letters From Ancient Egypt. 300 BC – AD 800, The University of Michigan Press, 2006

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